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Coser es un acto revolucionario

Coser es un acto revolucionario

Con el paso de los años y la masificación de la industria textil, la costumbre de confeccionar ropa para uno mismo o para la familia ha quedado cada vez más olvidada. La máquina de coser, que en la memoria de muchos acompaña a la figura encorvada de la abuela o la madre en su labor detallista y concentrada, ha pasado a desempeñar una función decorativa para los aficionados al estilo vintage, mientras que, para otros, ha sido reducida a la obsolescencia.

La era del consumismo nos distancia cada vez más de aquellas habilidades esenciales que, en el principio de nuestra historia, nos hicieron humanos. La costura es parte de la tradición de casi todas las culturas del mundo; su uso se remonta al período Paleolítico -hace más de 21.000 años-, cuando nuestros ancestros homininos aprovecharon de los recursos naturales para protegerse del frío. Las pieles de animales se curtían y secaban al sol y luego eran unidas con agujas de hueso o marfil para fabricar abrigos, zapatos y hasta viviendas como los tipis norteamericanos.

La evolución de esta actividad derivó en la creación de una gran variedad de artículos para el hogar, como cestas, cortinas, tapetes, ropa de cama y mantelería, que aparecieron junto con las primeras prendas fabricadas y cosidas a partir de fibras vegetales, alrededor del 7.000 a.C. en Egipto.

Coser fue parte de los oficios de las mujeres en las primeras civilizaciones occidentales. En la antigua Grecia, por ejemplo, era una actividad reservada exclusivamente para la mujer. Hasta hace un par de décadas, se mantuvo como una enseñanza transmitida de madres a hijas e, incluso, como asignatura obligatoria en los colegios femeninos. Algo sorprendente si consideramos que, desde el siglo XIX y hasta la actualidad, los nombres masculinos destacan en la escena de la alta costura.

Christian Dior, creador del New Look, alcanzó amplio reconocimiento tras la II Guerra Mundial. Su marca continua siendo sinónimo de lujo.

Más allá de los imperios levantados por revolucionarios de este arte como Coco Chanel o Christian Dior, la costura continuó siendo una habilidad imprescindible para el común de la población hasta antes de que las grandes compañías nos convencieran de que la ropa es desechable. Pegar un botón, cambiar una cremallera, alzar un dobladillo o zurcir una media rota era lo normal para las generaciones que nos precedieron, así como el alargar la vida de prendas usadas por hermanos o primos mayores con pequeños retoques que las adaptaran a nuestras medidas. ¿Para qué, entonces, comprar una tanda de ropa nueva con cada cambio de estación?

Optar por la comodidad y seguir el impulso de la moda ha traído consecuencias cada vez más preocupantes para el planeta, sobre todo, la grave e imparable contaminación del agua por los fuertes químicos que aplican las industrias fast fashion en la producción de sus tejidos. No es secreto para nadie, además, la enorme cuota de explotación laboral que esconden las cadenas de moda más populares, cuyos atractivos productos enmascaran redes de esclavitud moderna y trabajo infantil.

Afortunadamente, cada vez somos más quienes tomamos en cuenta el impacto de nuestras decisiones en el futuro de nuestro mundo. Como parte del cambio hacia una humanidad más consciente, la tendencia del Do It Yourself está devolviendo a la costura la importancia que le corresponde. Reparar nuestra ropa, personalizarla con bordados originales o incluso diseñarla a nuestro antojo y fabricarla desde cero es una excelente manera de potenciar la destreza motriz y la creatividad, que podemos, además, compartir con quienes queremos a través de regalos hechos a la medida y con gran valor sentimental.

¿Te atreves a confeccionar tu propia ropa y accesorios? Únete a nuestro Taller de Costura para Principiantes en La Nube, moderado por el sastre y diseñador de modas Juan Caizaluisa, en donde obtendrás las herramientas para la creación y mantenimiento de tus prendas. ¡Pronto iniciaremos un nuevo ciclo! Contáctanos para más información.

Por Abril Altamirano


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